divendres, 1 de juny de 2012

ALUMNA DE TERCER D'ESO GUANYA UN PREMI








ENTIDAD QUE OTORGA EL PREMIO: GRUPO LEO (haz click para ver el blog del grupo LEO)




 RELATO DE ÁNGELA GOMIS LÓPEZ
En toda ciudad hay, por lo menos, cinco historias de terror. La mayoría falsas o inventadas, algunas seguramente alguna vez pasaron y las historias se han distorsionado. Pero, seguro seguro, alguna, te ha pasado a ti o algún conocido tuyo.
Quizás la leyenda de la chica de la curva fuera real y haya ocurrido, a lo mejor no como la conocemos, ¿quién puede decir que ha ocurrido y qué no?
Todos hemos escuchado la típica historia de alguien que vendió su alma al Diablo a cambio de que éste le conceda un deseo.
A mi me ocurrió algo parecido, aunque no fue precisamente mi alma lo que tuve que sacrificar, tampoco fue el Diablo con el que negocié, estoy completamente segura de que fue una Bruja.


La hora del crepúsculo siempre me ha parecido hermosa, es el momento perfecto para reflexionar sobre lo efímero y bello de la vida, ¿Quiénes somos, que hacemos aquí? ¿Por qué no he estudiado si mañana tengo un examen?
Volvía a mi casa de comprar un croissant en una panadería cercana cuando me topé con aquel personaje tan pintoresco que cambio mi vida.
Llevaba unos enormes cascos negros con rayas azul metálico por encima del pelo que tenía un extraño color rosado. Un abrigo gris le resguardaba de los vientos fríos de principios de invierno y por debajo se veían unas medias gruesas oscuras, por lo que supuse que llevaba un vestido.
Desde mi posición a unos siete pasos podía escuchar la música rock que ella escuchaba.
Volteó la cara para mirarme, dibujo una sonrisa y mientras se quitaba los cascos me preguntó:” ¿Qué quieres a cambio de tu pulsera?” 
Ni un buenos días ni nada, seguía mirándome con una sonrisa, ¿se estaba burlando de mí?
-¿Para qué quieres mi pulsera?- le pregunte con desconfianza, en todo caso, la pulsera era un regalo de mi mejor amigo, los dos tenemos una igual, realmente me agradaba y no quería deshacerme de ella.
-Para cumplir un deseo- contestó con simpleza- A cambio te daré algo de igual valor- se llevó una mano al mentón en un gesto pensativo mientras yo intentaba comprender lo que estaba diciendo- ¿Qué te parece este reloj? 
Se desabrochó el reloj que llevaba en la muñeca derecha y me lo enseño ¿Iba en serio? ¿De verdad quería cambiar una pulsera de los chinos por un Citizen de lo menos 50 euros?
Parecía una trampa, olía a trampa, pero…
-De acuerdo, acepto- era un trato demasiado bueno como para negarme. Me quite la pulsera y se la di, ella me entregó el reloj y me lo guardé.- Adiós.
Antes de que me despidiera ya se había puesto los cascos y comenzado a andar por el camino contrario al que yo seguía.
El día siguiente paso con tranquilidad, salvo porque Gold, mi mejor amigo, no vino al instituto. Cuando la última campana sonó para irnos a casa recibí un mensaje del susodicho. En el mensaje ponía: “Ven al parque de siempre, te invito a un helado ^^”.
“Pero será…”- pensé – “primero se salta clases y luego me vacila.”
De todas formas fui al parque, ya le pegaría una bronca después. Al final llegue al parque en unos diez minutos, y ahora que lo pienso debería haberme dado más prisa.
Cuando llegue estaba vacío, nadie en su sano juicio va a un parque a las tres de la tarde. Ni rastro de Gold. Suspire frustrada, el muy idiota me había dado plantón, luego me fije, uno de los columpios se movía aunque no hubiera viento, me puse nerviosa, esas cosas son las que siempre pasan en las películas de miedo. Entonces pensé en lo patético que era que una chica de catorce años le tuviera miedo a un columpio y me acerque para subirme y pasar un rato allí, ya que había ido. Ese pensamiento me izo bufar y hacer un mohín de enfado que tan bien me salían, mohín que desapareció en el momento en el que me di cuenta en que había una nota pegada en el asiento del columpio firmada por Gold.
“Me habría gustado despedirme de ti en persona, pero no ha podido ser, jaja.
En realidad no tiene gracia, no volveré. Hay un deseo que tengo que cumplir, y el precio es demasiado elevado como para pagarlo solo con mi alma. Por favor, olvídame.
Te quiero, Silver, pero eso olvídalo también”
El asiento estaba caliente, por lo que alguien había estado columpiándose allí hasta hace poco. Aferrándome a esa posibilidad salí corriendo en su busca, si la nota era una broma le iba a dar una paliza, pero si no…
Negué con la cabeza intentado alejar ese pensamiento de mi mente. Recorrí todo el parque buscándolo, pero nada, seguía igual de vacío que cuando llegue. Al cabo de una media hora de estar corriendo por todo el parque me desplome en un banco cercano con las manos en los ojos intentando aguantar las lágrimas. Tenía un nudo en la garganta y sentía un vacio en el pecho. Puede ser que la nota solamente fuera una broma, entonces por qué, por qué esa sensación de que algo se ha roto en mi corazón y el mundo no giraba a la velocidad adecuada.
-Por qué…- se me escapo involuntariamente en un sollozo.
-Porque él lo quiso así. – Respondió una voz a mi lado, no estaba muy sorprendida, ya conocía esa voz.- Por cada deseo hay que pagar algo equivalente, ya te lo dije ¿recuerdas? –Asentí- A él le costó el lazo tan fuerte que os unía.
Reaccione al escuchar esas palabras, me levante, cogí el reloj que hace un día me ha había dado la misma pelirrosa con la que estaba hablando y lo tire al suelo para pisarlo hasta que se rompió. ¿Equivalente? Un maldito reloj no pagaba todo lo que había perdido. A lo mejor este era el precio por equivocarse.
Luego la mire, directamente a los ojos, ella entendió el mensaje y el ligero brillo de burla con el que me miraba desapareció para ser reemplazado por un sentimiento que no supe identificar.
-¿Cuál es tu deseo?


Quizás ya hayan pasado varios años o quizás no más de una semana. La historia no se contará como realmente sucedió porque la verdadera solo la saben sus protagonistas, aquellos que cumplieron sus deseos dejando como único recuerdo una historia de miedo, en la que para conseguir algo tienes que pagar algo equivalente.

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